Del lenguaje soez y su jodida adaptación

Oct 10, 2013 by

Del lenguaje soez y su jodida adaptación

Después de dar unas pinceladas en la entrada anterior sobre cómo traducir humor audiovisual y poneros un ejemplo algo burdo y fuera de tono, esta vez hablaremos de aún más groserías e improperios en el celuloide y de cómo éstos se han ido traduciendo al español peninsular durante lo que conocemos como reciente historia del cine y la televisión.

Primero de todo, y sin ánimo de aburrir a nadie, me gustaría que reflexionásemos un poco sobre el ritmo endiablado con el que están cambiando las cosas del faltar. No he venido aquí a hablar de mi infancia (ni de mi libro tampoco), pero no puedo evitar sentirme viejuno al ver la facilidad que tienen los menores de hoy en día para aprender y utilizar correctamente términos sugestivos en lenguas extranjeras. Particularizando todo esto un poco, hace unas semanas me quedé de piedra al escuchar a unos niños aún lampiños soltar varios «fuck» en lugar de nuestro precioso «joder» vernáculo para hablar en, lo que parecía, un código compartido con el que ocultar a sus progenitores las blasfemias con que expresaban mosqueo ante sus compañeros de juego. ¿Alguien sabría decirme qué nos está pasando exactamente?

Volviendo a lo que nos ocupa, el uso de insultos como forma de caracterización del lenguaje coloquial lleva muchoEl_gran_desfile-155779207-large tiempo presente en los medios audiovisuales. Todo comenzó en EE.UU., donde este tipo de vocablos se introdujo por primera vez en el cine mudo. En cintas como la famosa The Big Parade de 1925 aparecían intertítulos durante la intensa batalla final donde podía leerse «goddamn it» o «b——s!». Cinco años más tarde, ya de lleno en la época sonora, en Hell’s Angels (1930) de Howard Hughes podemos escuchar a viva voz lo que sería uno de los primeros «what the hell», «for christ’s sake» o «that son of a bitch» en pantalla. ¿Y qué pasa con «fuck»?─ os estaréis preguntando. Pese a lo que diga la cubierta del DVD de M*A*S*H, las dos primeras películas en hacer uso de esta expresión fueron Ulysses y I’ll Never Forget What’s’isname (tristemente traducida por Georgina), ambas de 1967. Después de estos dos hitos lingüísticos del cine a color, lo próximo es dar un salto importante en el tiempo hasta el clásico Scarface de Brian de Palma, considerado como el filme con el actual récord de insultos a lo largo de su metraje (uno cada 29 segundos). Aquí tenéis buena prueba de ello:

Y bien, ¿cómo creéis que se tradujeron cada uno de los «fuck» que escupe Tony Montana?¿No os habéis percatado de que resulta poco creíble la forma en que los personajes cinematográficos se ofenden verbalmente entre ellos? ¿Quién de vosotros, hispanoparlantes, insulta con un «mueve tu jodido culo de ahí» para poner de manifiesto su mal humor?

El lenguaje natural, si queremos llamarlo así, se modifica en el cine de la mano de los traductores audiovisuales; se hacía y se sigue haciendo. Es probable que la razón que subyace tras esta forma de traducir sea que aún existe un sector importante del público potencial que se escandaliza ante los insultos en la gran pantalla. Eso, o que aún quede una millonésima parte de nuestra herencia de un pasado con censura y control mediático. Además, este hecho, para los que disfrutamos del cine incluso en sus momentos de doblaje más terribles (recordemos, por ejemplo, El Resplandor de Kubrick), no deja de tener su encanto. Uno percibe directamente que se trata de un guion, pero románticamente se deja llevar por él y disfruta con esa forma de narrar y dialogar que, aunque inteligible, no es idiomática. Ciertamente, «jodido» no termina por sonar ofensivo, sino más bien estúpido.

Antes de cerrar por hoy, me gustaría aclarar que esta situación está cambiando. Las cosas de palacio van despacio, o eso dicen. Por lo pronto, podemos ver cómo empiezan a aparecer insultos reales en más y más producciones. Y, por si a alguien le interesa profundizar en la traducción al español de estos palabros, aquí os dejo un genial artículo de María Jesús Fernández Fernández que se incluye dentro del libro New Trends in Audiovisual Translation de Jorge Díaz Cintas. ¡Salud y hasta la próxima!

Traductor de inglés y alemán a español. Estoy especializado en el ámbito audiovisual y, actualmente, curso el Máster Europeo en Traducción Audiovisual en la Universitat Autònoma de Barcelona.

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5 Comments

  1. La verdad es que a veces echo de menos esa naturalidad. ¿Has visto alguna vez el programa “Pesadilla en la cocina” de Gordon Ramsay? El “fuck” del chef pierde fuerza con el español “maldito”. Menos “jodido” y más “puto”, que no pasa nada.

    • Lo del Chef Ramsay es muy fuerte… Aunque no te preocupes, que aparentemente la gente está empezando a tomar conciencia de que algunas cosas no terminan por sonar bien con traducciones como esas. Estoy seguro de que dentro de unos años podrás verle insultando a la española, cagándose en la madre que parió a los jefes de cocina incompetentes.

  2. ¡Eso espero! Jaja Así no me chocará tanto.

  3. Jesús

    ¡Hola!

    La verdad es que es una tema muy interesante el de la traducción de las palabras “tabú”, por usar un término más general. Y no es ya por usar términos poco habituales, es que a veces incluso se neutralizan y se queda una versión en español mucho más light (algo que puedo entender en un subtitulado pero nunca en un doblaje)

    Me gustaría pensar que el uso de las traducciones literales en doblaje sea por motivos de adaptación y sincronía labial, pero siempre se puede hacer mejor. Otras veces ya es por mero contagio de otros doblajes, lo que ha acabado por dar una especie de “jerga” dentro del doblaje que hace que sea aceptable traducir un “what the hell” por “qué diablos” o similares.

    • Hola, Jesús 🙂

      Tienes razón; muchas traducciones literales están supeditadas a la sincronía labial, aunque la utilización prolongada de éstas ha degenerado en lo que podríamos llamar el “ecolecto del doblador”. Además, la consecuencia directa de esto que comentas es que los hablantes están empezando a hacer uso del mismo en su registro informal a causa de la influencia del cine y los mass-media. Por lo tanto, podemos concluir que no resulta disparatado ni anacrónico escuchar a la juventud decir “jodido” con cada vez mayor frecuencia, aunque sí chirría y no da esplendor. En mi caso, solo espero que “bastardo” no termine por normalizarse.

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