Fenómenos lingüísticos I: ortotipografía

Mar 21, 2014 by

Fenómenos lingüísticos I: ortotipografía

Comenzamos una nueva saga en Traidlation que hemos titulado «Fenómenos lingüísticos». A lo largo de esta, analizaremos diferentes aspectos de las relaciones que han surgido entre el español y el inglés y las consecuencias de estas. En este primer episodio, analizaremos la repercusión que ha tenido la lengua anglosajona sobre nuestro idioma en cuanto a la ortotipografía.

El inglés se ha convertido en una lingua franca y por muchos rankings de lenguas más habladas en el planeta que se lleven a cabo, la lengua anglosajona sigue prevaleciendo por encima del chino y del español en la inmensa mayoría de las relaciones comunicativas que se producen entre personas que no comparten la misma lengua. Del mismo modo, no podemos negar que tal es su influencia que, prácticamente cada día, incluimos un nuevo extranjerismo en nuestro vocabulario cotidiano. Esto no es nada del otro jueves; ya estamos acostumbrados a utilizar «stop» para referirnos a la señal de tráfico, decimos «darle al play» para hacer que suene música en la radio o en el ordenador e incluso descargamos de manera sistemática la última «app» de moda. Sin embargo, en esta entrada vamos a hablar de la repercusión de la lengua anglosajona en la ortotipografía española y sus consecuencias.

Con esto no estamos descubriendo nada nuevo para nadie. El inglés influye de una manera en el español (¿o castellano?) que de momento no se reproduce de manera inversa, o al menos en el mismo grado. Sin embargo, la influencia está superando las barreras léxicas y nosotros mismos podemos diagnosticar los primeros síntomas de esta tendencia en nuestra forma de escribir: ¿O es que todo el mundo utiliza el símbolo de apertura de interrogación «?» cuando escribe en Whatsapp o en Facebook? ¿Quién no ha utilizado alguna vez la coma después de «Querido X» en el encabezado de una carta o un email?

Aunque esto nos haga parecer quisquillosos hasta límites insospechados, estas pequeñas variaciones vienen a raíz de la influencia y el contacto con el inglés y, a la hora de la verdad, son errores ortográficos tan garrafales como cambiar v por b donde no corresponda. A menudo se permiten este tipo de comportamientos en las redes sociales ya que compartimos nuestras ideas con amigos o personas cercanas con las que hay confianza para tomarnos estas licencias, pero de ninguna manera se permiten en textos para el público general o de carácter académico. Por eso es tan importante conocer bien tantos las reglas ortográficas de nuestra lenguas como las del inglés para saber cuándo utilizar unas u otras.

Intentar cambiar distintos usos asentados, como el uso de las comillas inglesas (“”) en lugar de las comillas latinas («») son batallas perdidas incluso antes de ser libradas. Sin embargo, se han ido introduciendo ciertos aspectos de manera más sutil y que a menudo pasan desapercibidos, como es  el caso de las mayúsculas. En inglés, sustantivos que hacen referencia a meses, días de la semana, estaciones, gentilicios o idiomas empiezan siempre en mayúscula, al contrario que en español. Pues bien, esta influencia se ha convertido en una tendencia en español y no tenemos más que hacer una simple búsqueda en Google con lo siguiente: «aprende Inglés»*. Podremos observar cómo en repetidos casos se mantiene el patrón de conservar «inglés» con mayúscula inicial, especialmente si esta aparece en el título. Puede que se trate de una estrategia de marketing, pero es innegable que empieza a convertirse en un fenómeno generalizado tan solo atendiendo a las respuestas ofrecidas por el buscador.

Curioso es el caso que se muestra en la web www.yometiroalmonte.es, en el que se incluye una captura de un libro de lengua española de 5º curso de primaria en el que se recopila una serie de normas ortográficas «recomendables» para el lenguaje del móvil. Obviamente, que se defiendan este tipo de conductas en hablantes tan jóvenes no colabora demasiado en que mantengan una ortografía correcta y quizás no sepan determinar hasta qué punto están permitidas estas conductas.

Por ello, hemos considerado oportuno hacer una breve recopilación de herramientas de consulta para que en momentos de crisis en los que nos asaltan las dudas podamos escribir en nuestra lengua sin cometer ningún error.

Así pues, hemos visto como errores que se pueden ver casi todos los días pueden ser evitados si conocemos las reglas de nuestra propia lengua. ¡Espero que nos sirva de ayuda a todos!

Ernesto Aguilar Calero

Licenciado en Traducción e Interpretación y cursando el Máster de Investigación en Traducción e Interpretación en la Universidad Jaume I. La traducción jurídica me tira los tejos, pero no puedo renunciar a la localización ni a la traducción literaria.

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