La fina línea entre la localización y la censura en la animación

Nov 20, 2013 by

La fina línea entre la localización y la censura en la animación

En esta entrada vamos a hablaros sobre la localización y cómo la adaptación de algunos productos audiovisuales ha llevado a casos extremos donde, más que localizar, se ha creado un algo nuevo. Para empezar, quizás sea necesario definir qué es la localizaciónpara, a partir de ahí, poder sumergirnos en las profundidades de este tema turbio y controvertido.

Localización es un término que hace referencia a adaptar un producto desde un punto de vista lingüístico y cultural al país destino donde ese producto se vaya a vender y utilizar, según la propia definición de la LISA (o Localization Industry Standards Association). Esta no es más que otra parte del proceso de traducción. Además, para llevar a cabo una buena labor de localización, es necesario:

  1. Saber a qué público va dirigido el producto y tener esto siempre en mente.
  2. Saber cuál es la intención del producto y por tanto, adaptar pero conservar esa intención para que no se pierda tras las modificaciones.
  3. Conocer ambas culturas (la de origen y a la que se adapta)

Hasta ahí todo correcto, pero los problemas vienen a la hora de definir dónde está el límite de esta adaptación cuando se pierden de vista los puntos que hemos mencionado antes. En esta entrada en concreto, vamos a hablar sobre varios ejemplos de adaptaciones extremas, que sobre todo se dan en el sector de la animación que se traduce en Estados Unidos y proviene de Japón, China o Corea principalmente.

Como todos sabemos, el mercado de la animación en Asia es bastante grande y genera muchísimos beneficios. Esto quiere decir que los productos que se crean están dirigidos a un público bastante variado, que contempla desde niños hasta adolescentes y adultos. Por tanto, que se hacen productos animados dirigidos a niños y otros dirigidos a adultos sin que esto tenga que suponer ningún problema, puesto que el consumo de productos de animación está repartido en todos los rangos de edad y no se concentra solo en el sector infantil. Sin embargo, las dificultades surgen cuando productos que desde un principio han sido creados y diseñados teniendo en mente un mercado adulto se intentan adaptar de un modo tan extremo (y casi retorcido en mi opinión) para crear un producto infantil que, la mayoría de las veces, no tiene nada que ver con el original. En esta entrada nos referimos siempre a Estados Unidos, porque en España solo hemos sufrido estas modificaciones en casos muy contados y en los que el producto venía ya adaptado de la industria americana. Nosotros no hemos visto Sakura, Cazadora de Cartas modificada, por ejemplo, pero ellos sí (y mucho).

En la mayoría de los casos, estas modificaciones en el producto original no vienen motivadas por la necesidad de adaptar culturalmente el producto, sino que surgen por razones más diferentes y que están relacionadas con el control que lleva a cabo la Comisión Federal de Comunicaciones. Este organismo norteamericano está dirigido por el Congreso y se encarga del control (y censura) de los productos que se emiten. Esto ha generado una pauta en la que el objetivo no es la adaptación cultural y la localización del producto, proceso que implicaría la adaptación de la moneda, por ejemplo, y demás componentes culturales para hacer el producto accesible al público norteamericano. El empeño en transformar un producto dirigido a un público medianamente adulto ha llevado a la eliminación de temas relacionados con la homosexualidad, drogas, bebidas alcohólicas, tabaco, violencia, desnudos o el uso de un lenguaje más o menos malsonante. Esto quiere decir que se ha cortado el metraje original o se ha vuelto a dibujar, se ha ocultado algo que no se quería mostrar o, simplemente, se ha eliminado el tema (muchas veces clave para la trama). Ejemplos de esto son los eliminados componentes de tipo homosexual en Sailor Moon, donde había relaciones homosexuales, gender bender y desnudos, y que en la versión americana han sido totalmente eliminados del metraje o modificados. Otras series que han sufrido más violentamente estas modificaciones y tijeretazos son las conocidas Sakura, cazadora de cartas (eliminación de POSIBLES referencias a temas de homosexualidad), Naruto (eliminación de violencia) o Dragon Ball (eliminación de violencia, lenguaje y desnudos), todas ellas creadas para un público adolescente o adulto y modificadas en Estados Unidos para hacerlas accesibles a un público infantil.

  • Ejemplos de “localización” o censura en Sailor Moon (la última por supuesto fue eliminada porque se trata de dos chicas):

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  •  “Localización” de la violencia y las armas en One Piece (1) y Naruto (2 y 3):

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  • “Localización” de cualidades físicas en Blue Dragon (1) y en Bleach (aunque le ponen ropa, la silueta sigue siendo visible) (2):

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  • Buena labor de localización en Pokémon (que sí va dirigida a un público infantil y que desconoce la cocina japonesa):

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Con esta entrada no queremos oponernos a la localización porque, por supuestísimo, la consideramos muy necesaria para la traducción. Sin embargo, sí nos gustaría hacer hincapié en la idea de que para hacer una buena localización hay que tener en mente SIEMPRE el público al que va dirigido el producto. Puede que en años anteriores la industria occidental creyese que la animación solo iba orientada a un público infantil, pero esa pauta está cambiando y todos sabemos que en la actualidad hay productos animados dirigidos a un público más adulto. Estoy segura de que todos hemos crecido viendo Los Simpsons a la hora de la comida o Padre de Familia unos años más tarde, series de animación creadas para adultos en Estados Unidos y que, por tanto, cuentan con contenido adulto como desnudos, violencia, homosexualidad o lenguaje malsonante que en España se han emitido en horario infantil y sin censurar, porque “si es animación, es para niños”.

Con el producto nacional, como vemos, en Estados Unidos no han tenido problema en identificar que el mercado al que iba dirigido estaba conformado por adultos y que, por tanto, no había problemas con el contenido ni cortes o censuras que hacer. Desgraciadamente, parecen no opinar lo mismo de otras series animadas, a las que siguen cortando y desgajando para convertirlas en algo muy diferente al producto original y que no conserva su intención original ni va dirigida al mismo público. Personalmente, opino que el mercado de la animación infantil tiene muchísimos productos entre los que elegir para traducir y adaptar sin necesidad de coger uno para adultos y transformarlo en uno infantil. En los casos en los que se lleva a cabo esta técnica, ¿estamos hablando entonces de localización o de otra práctica totalmente distinta que se acerca más a la censura? ¿Qué opináis vosotros?

Natalia Martínez

Licenciada en Traducción e Interpretación & Humanidades. Inglés y francés. Me atraen la localización, la traducción audiovisual y literaria y las relaciones internacionales. Tengo una capacidad especial para hacerme fan de todo en dos segundos y eso muchas veces es un problema. Engullir libros es mi droga diaria.

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