El traductor y la historia: la Edad Media

Oct 4, 2013 by

El traductor y la historia: la Edad Media

Ya hablamos en la primera entrada de El traductor y la historia sobre el papel de los traductores e intérpretes como mediadores en conflictos internacionales. Sin embargo, el rol del traductor como mediador cultural tiene sus orígenes muy atrás; hay quien habla de la traducción como la profesión más antigua de la historia. Y su función no siempre ha sido la de ejercer la diplomacia (aunque también hablaremos de ello en este caso), sino también la de servir como vehículo de transmisión de la cultura y el saber.

Durante la Edad Media se hablaron varias lenguas en la Península Ibérica, que además correspondían a colectivos concretos. Cristianos, árabes y judíos vivieron en este territorio durante varios siglos, por lo que la comunicación entre ellos se hizo totalmente necesaria. El latín fue la lengua vehicular durante mucho tiempo, por lo que numerosas traducciones se llevaron a cabo al servicio de quienes quisieron disfrutar de culturas anteriores. En concreto, el saber griego llegó a la Península gracias a la traducción después de haber estado esta aislada de la cultura de Oriente Medio durante muchos años. Este trabajo fue realizado por traductores que trabajaban en equipo, algo muy característico de las escuelas de traductores de aquella época. Allí trabajaron codo con codo judíos, árabes y cristianos para adaptar los textos en varios pasos; un judío que sabía castellano traducía del árabe y el cristiano se dedicaba entonces a traducir la nueva versión al latín. Como veis, la traducción directa al latín no era común, con lo que podemos concluir que los textos finales contarían con numerosos malentendidos tras tanto trasvase lingüístico.

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La traducción también actuó como vehículo del saber en el mundo árabe. De esta manera consiguió la expansión de su cultura, que llegó a quienes se interesaron por ella. Este fue el caso de Alfonso X, que se sintió atraído por sus vencidos y, junto con otras motivaciones, decidió fundar la Escuela de traductores de Toledo. Esta es, sin duda, una de las más famosas, aunque no fue la única. Antes de ella se fundaron escuelas en Bagdad o Amalfi, como también cabe mencionar la escuela Raimundiana, que puede incluso considerarse antesala de la propia escuela de Toledo.

Las motivaciones que propiciaron la traducción fueron varias. Además de la de la transmisión cultural, que favoreció en muchos casos los nacionalismos de la época, las motivaciones científicas o diplomáticas fueron muy importantes. Dentro de las segundas tuvieron un papel notable las órdenes militares, que adoptaron esclavos que les ayudarían a comunicarse con el enemigo. Esos traductores (o intérpretes, si nos refiriésemos a ellos en términos actuales) eran, en la mayoría de los casos, esclavos apresados tras las victorias, por lo que mozárabes, hebreos o musulmanes servían en la labor comunicativa de manera esencial e imprescindible.

También se tradujeron textos religiosos, por supuesto. El más famoso de ellos es la Vulgata, la Biblia traducida por San Jerónimo, del que se dice que fue el primer traductor (de textos escritos, si acaso) de la historia. Pero existieron incluso ediciones bilingües de la misma, como es el caso de la Biblia de Alba, traducida al castellano por un judío que trabajó con dos monjes cristianos.

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Como habréis notado, he utilizado el término traductor hasta ahora para designar a quien ejerce tanto la labor de traductor como la de intérprete, algo que actualmente nos duele mucho oír a quienes realmente sabemos las (grandes) diferencias que existen entre una profesión y otra. De hecho, la distinción entre la traducción y la interpretación no se hizo hasta el siglo XVII. En los escritos y crónicas, el traductor aparece como tal, pero también como intérprete, diplomático, embajador, heraldo (mensajero) e incluso alcahuete, que curiosamente la RAE define como “persona o cosa que sirve para encubrir lo que se quiere ocultar” o también “persona que lleva y trae chismes” 🙂

FelipilloOtra zona en la que se hizo necesaria la labor del traductor durante la Edad Media fue en los recién conquistados territorios de América. Allí los conquistadores adoptaron esclavos a los que enseñaron castellano y se sirvieron de ellos para comunicarse con los nativos. Me gustaría compartir con vosotros dos historias al respecto: la de Felipillo y la de Malinalli Tenépatl. Felipillo fue un nativo joven que sirvió a Pizarro como intérprete en sus expediciones a Perú. Sin embargo, con el caso de Felipillo entendemos lo que decía Natalia en la entrada que cité al principio sobre la labor del traductor no solo en la paz, sino también en la guerra. El joven intérprete destaca en la historia por haber malinterpretado a Pizarro en su encuentro con Atahualpa. Estaba a favor de los nativos y tergiversó algunos comentarios de Pizarro, habló mal sobre la religión católica en su nombre e incluso desveló secretos y planes de los conquistadores a otras tribus. Felipillo fue descuartizado por tal traición.

Malinalli Tenépatl fue igualmente una esclava de los conquistadores españoles en América que también estuvo muy cerca de los altos mandos de las expediciones. Fue capturada cuando era niña por una tribu maya, por lo que a la llegada de los españoles conocía tanto esa lengua como la nahuátl. Esto llevó a Hernán Cortés (con el que más tarde tendría un hijo) a elegirla como intérprete. Se le conoció también como La Malinche, pero su verdadero nombre revela sus habilidades como intérprete; tenépatl significa en lengua nahuátl “persona que tiene facilidad de palabra”.

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¿Tienen todos los traductores e intérpretes facilidad de palabra? Quizá unos más que otros, pero lo que queda claro es que todos ellos son desde el comienzo de la historia herramientas clave para la comunicación entre hablantes de distintas lenguas y miembros de distintas culturas.

Licenciada en Traducción e Interpretación & Humanidades y Máster en Traducción y Nuevas Tecnologías. En la actualidad, centrada en la corrección profesional y la localización de videojuegos.

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2 Comments

  1. Nunca había escuchado esas historias. ¡Gracias por compartirlas, Marina! Ya puedo decir que hoy he aprendido algo nuevo.

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