¿Dónde están mis personajes? ¡Que me los devuelvan!

Sep 17, 2013 by

¿Dónde están mis personajes? ¡Que me los devuelvan!

La mayoría de nosotros nos hemos embarcado alguna vez en la lectura de una saga durante nuestra vida. Algunos las habremos terminado y otros habremos caído en el intento, pero una cosa está clara: cuando se trata de leer una serie de libros con continuidad, todos nosotros exigimos una serie de mínimos que queremos que se cumplan de manera inconsciente. Estamos hablando de una continuidad en los nombres de los personajes, los lugares, las calles, las mascotas y todo en general. No nos damos cuenta cuando estamos leyendo, pero si de repente las cosas cambian, somos conscientes de que algo no va bien.

Así, cuando empezamos a leer Harry Potter, de J.K. Rowling, a todos nos queda claro que el protagonista se llama Harry Potter, su lechuza se llama Hedwig y el gato de Hermione se llama Crookshanks. Sin embargo, puede que muchos de nosotros nos hayamos tenido que enfrentar a un problema que no esperábamos cuando al abrir las páginas de uno de los libros de la saga nos encontramos que Crookshanks ha sido sustituido por un tal Patizambo del cual no habíamos oído hablar hasta ese momento. Cuando te sucede esto de niño no caes en la cuenta, pero al releer los mismo libros de mayor algo te resulta extraño.

El caso es mucho más llamativo con la saga Legado, de Christopher Paolini, porque el error va mucho más allá de un mero desliz en uno de los nombres de una mascota poco importante. En el caso de esta saga, los errores recaen en la traducción de nombres propios de personajes, lugares, ciudades y muchas más cosas. Cuando durante dos libros uno de los personajes (no desvelaremos quién) se llama Espina, así que es lógico que en las páginas del cuarto y último libro de la saga, el lector se descoloque cuando oiga el nombre Thorn (casualmente espina en inglés). El error se repite siguiendo la misma pauta a lo largo de toda la novela y el resultado no es otro que un lector confundido y una novela que ha perdido toda la ambientación que durante todo el tiempo había ido construyendo dentro de la mente de su fiel lector. Nadie comprende qué está pasando, pero está claro que algo ha fallado.

¿Por qué sucede esto? ¿Por qué muchos de nosotros hemos tenido que fruncir el ceño cuando hemos visto a personajes que conocíamos con otro nombre? El fallo simplemente se encuentra en un cambio de traductor o en la falta de comunicación entre los traductores de distintos libros en una misma saga. Puede ser que las editoriales se pongan en contacto con traductores diferentes, que el mismo que ha trabajo en la saga años anteriores no tenga tiempo o cientos de explicaciones similares, pero en cualquiera de los casos, la solución sería simplemente encargar la misma saga al mismo traductor. En los casos en los que esto sucede, la continuidad y la coherencia se consiguen de manera impecable, como sucede con todos los libros de la conocida saga Canción de Fuego y Hielo. Los nombres de las ciudades, de los personajes, valles, espadas, caballos, posadas, ríos y otros cientos de nombres propios son siempre los mismos puesto que el traductor es perfectamente consciente de que Jon Nieve no debería tener que llamarse en ningún momento Jon Snow si ya se ha presentado como Nieve en libros anteriores. Esta pequeña labor que debería llevarse a cabo de manera lógica ahorraría muchos dolores de cabeza a los lectores, que son al fin y al cabo, los que terminan sufriendo las consecuencias de este tipo de errores.

Sea como sea, el problema sigue ocurriendo con mucha frecuencia y muchos de nosotros nos preguntamos si es tan difícil intentar seguir la misma pauta que el traductor del libro anterior, en el caso en el que haya habido un cambio, y ahorrar a miles de niños, jóvenes y adultos la necesidad de adivinar quién diablos era ese Patizambo que caminaba hacia el Sauce Boxeador y que Harry observaba desde la ventana.


Natalia Martínez

Licenciada en Traducción e Interpretación & Humanidades. Inglés y francés. Me atraen la localización, la traducción audiovisual y literaria y las relaciones internacionales. Tengo una capacidad especial para hacerme fan de todo en dos segundos y eso muchas veces es un problema. Engullir libros es mi droga diaria.

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